Vivencia y salud: Neurodanza en grupos indígenas

Vivencia y salud: Neurodanza en grupos indígenas

 

Andrés Latapí Escalante

Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina, Facultad de Medicina, Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México. Correo electrónico: latapister@gmail.com

 


Resumen:

La intención de este trabajo es incorporar la discusión sobre adaptación humana al medio ambiente, contraviniendo, como ha sido entendida, un ajuste mecánico en términos de la discusión del cambio climático en el Panel Internacional de Cambio Climático (IPPPC) y en la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y no como parte de un proceso de evolución biológica humana. La adaptación (Frisancho, 1993) es un concepto clave para entender desde la Antropología y la biología evolutiva el proceso mediante el cual los organismos modifican sus características físicas, fisiológicas o conductuales para sobrevivir y reproducirse en su entorno. No sólo las físicobiológicas, sino también las capacidades socioculturales que son intencionalmente modificadas, lo que tiene implicaciones en la salud humana. Es por ello que el enfoque sobre adaptación (Morales et al., 2018) se centra en un aspecto que ha sido ampliamente estudiado por la Antropología, ya que nos permite entender y explicar la capacidad adaptativa como estrategias de los pueblos indígenas y campesinos en términos de cambios evolutivos a través del ritual y sus danzas, haciendo énfasis en la neurodanza como un espacio y mecanismo liminal, creador del sentido a través del communitas y como proceso integrador en términos de identidad y salud. Asimismo, los procesos de adaptación modifican y son modificados a su vez.

Palabras clave: Adaptación, neurodanza, ritual, pueblos originarios, estrategias adaptativas.


In Memoriam
Dr. Francisco Gómez-Mont Ávalos-Levy

INTRODUCCIÓN

Desde el enfoque antropológico, a partir de sus métodos y técnicas, se han identificado y documentado diferentes estrategias adaptativas entre los grupos humanos, desde el cambio de nichos, organización política, asentamientos, interpretación simbólica, entre otros, para orientar, modificar, desviar el proceso inevitable del desgaste de energía que es la entropía. De ahí surgen y se construyen los rituales como instrumentos para manejar y entender el cambio en términos colectivos, ya sea como mecanismos de ajustes socioculturales y fisicobiológicos, que funcionan como estrategias de adaptación frente y acompañando a la complejidad de los procesos evolutivos de la naturaleza.

Los rituales, entonces, marcan el proceso de evolución humana en relación con la naturaleza, ya que son intrínsecos en los procesos termodinámicos que permiten estar afinados, no solo con la naturaleza visible, sino también con la invisible, la percibida e imaginada. Muchas veces le llamamos cosmovisión, o estar en el mundo. Estos procesos tienen que ver con entender las fuerzas energéticas y todo lo que se ha denominado vehículos de sobrevivencia. (Tyrtania, 1999).

La interpretación de éstas se ha significado y anclado en los procesos religiosos: potencias, como se concebía a dioses prehispánicos, como arquetipos (Jung, 2025), expresados hoy en la religiosidad popular como santos campesinos e indígenas. En el entendido que cada uno de ellos tiene la capacidad y atribuciones de negociar con las fuerzas de la naturaleza, sean o no positivas o negativas, de acuerdo a la narrativa imperante popular o desde el poder.

RITUALES Y NEURODANZA

Los rituales son instrumentos para la creación o mantenimiento de vínculos (Mier, 1989) se pueden entender como un proceso en la evolución biosociocultural como medios de adaptación; y a los rituales de paso, como mecanismos de ajuste e integración, de cohesión sociocultural, de manera que son estos sistemas de salud, a través de la distribución de roles, en el que la danza juega un papel fundamental. La neurodanza son los estadios de creación de sentido comunitario que conlleva la inclusión social y la identidad, creando communitas a través de momentos de autorregulación afectiva y de identidad grupal por medio de momentos de liminalidad. (Van Gennep, 2008).

La neurodanza es cuando se establece la cohesión afectiva del grupo, las emociones se encuentran centradas en la red neuronal como creación de sentido comunitario. Es en la danza y en la fiesta, junto con la peregrinación, dado que, desde la perspectiva de la sobrevivencia, la salud, junto con la alimentación y el cobijo, son el reto más importante, que se desarrollan desde la dimensión sociocultural en la interacción con la parte fisicobiológica.

En términos neurológicos la construcción de la mente cuerpo se ve como una amalgama de las dos dimensiones. Lo cultural actúa como modulador y adaptador a las partes más complicadas en la discusión, que es la síntesis extendida: la herencia epigenética, la selección natural y lo social, como la expresión más clara de la plasticidad fenotípica y de la variación en el desarrollo eco-evo. (Casanueva y Vergara, 2019).

Podemos considerar que la danza es una expresión de la adaptación en términos de sus propios dominios y es a la vez un proceso de adecuación sociocultural que actúa a partir de ciertos patrones de intercambio social corpóreo, de vínculo y muchas veces como marcador calendárico (se realizan y se escogen los lugares, como por ejemplo, en relación a la petición de lluvias con fenómenos astronómicos) al mismo tiempo se convierte en un creador de cultura al darle sentido a ciertas manifestaciones específicas que se adhieren como patrones culturales, es decir, modulan las expresiones físicas, tanto de aclimatación como de adaptación humana en términos de las modificaciones que van requiriendo, así como la movilidad y los asentamientos humanos.

Es por ello que la danza es una expresión tanto de las sociedades cazadoras recolectoras como de las asentadas, de acuerdo a las características productivas como modos de producción, y se convierten en los espacios y temporalidades en los cuales se da el intercambio social, tanto el reproductivo como el ideológico y político, es el caso de la sociedad campesina, de la cual forman parte la mayoría de los llamados pueblos originarios.

Podemos entender que, en este espacio tiempo, se celebran con danzas los rituales de paso, como los quince años —cuando ya es reproductiva, el matrimonio/intercambio fisicobiológico para la reproducción— otros no tan importantes como el paso de la niñez a la adolescencia, (danza Pastorcitas) o cuando las mujeres dejan de menstruar. Asimismo, algunas relacionadas con el nacimiento y la muerte. De acuerdo a las fases de los rituales de paso, la liminalidad es el momento del desfase de una situación a otra, en donde no se está en ninguna fase o estadio.

Los grupos indígenas o pueblos originarios actuales son descendientes de los grupos que migraron al continente americano desde hace aproximadamente 14 mil años y desarrollaron estrategias adaptativas como cazadores-recolectores, agricultores, campesinos, peregrinos, migrantes y guerreros, entre otras actividades de sobrevivencia. Podemos especular que estos grupos realizaron rituales como vínculos creadores de sentido que les permitieron crear nichos cognitivos. La adaptación humana abraza esta dualidad de aspectos, las estrategias culturales y las condiciones biológicas.

Actualmente sus descendientes se encuentran dispersos en el continente y son sobrevivientes de diversos procesos de colonización, desarticulación, desterritorialización y, hoy día, descampesinización, gentrificación, urbanización y modernización.

La salud de los pueblos indígenas originarios ha sido interpretada desde prácticamente todas las subdisciplinas antropológicas: Antropología Física, Arqueología, Etnología, Lingüística, Antropología Social, Historia y Etnohistoria, a las cuales, la Antropología Médica las fusiona para construir sus modelos de intervención, y esto ha llevado a tener una gran cantidad de referencias etnográficas y varios modelos de intervención y de interpretación, que van desde el clásico, el pragmático, crítico, clínico y aplicado.

El llamado indigenismo, surge, tanto en México como en América del Norte, como una política de caracterización sociocultural de los pueblos y comunidades marginadas del desarrollo con la intención de asimilar y controlar. A la fecha existe una fuerte discusión sobre la pertinencia de su integración, asimilación, autonomía o participación. (Ricco, 2024), (Fábregas, 2021), (DOF, 2024).

Conceptualmente la política indigenista (SEP, 1971) se ha construido en México desde su institucionalización a partir de 1938, como una categorización para entender, interpretar, estudiar y analizar a los hoy llamados pueblos originarios desde una perspectiva sociocultural, y en términos de salud como sujetos a la intervención diferenciada de las instituciones del Estado. (Aguirre, 1994).

Frente a la discusión internacional sobre el cambio climático, al indigenismo de hoy, como pueblos originarios, los podemos entender no solo por la diferencia sociocultural con la sociedad mayor, como se le ha caracterizado, sino por la capacidad adaptativa en el medio ambiente.

Los pueblos originarios han marcado su proceso evolutivo a partir de la selección natural y variabilidad genética, también por sus dominios adaptativos, es decir, por su manejo y construcción de nicho, por su plasticidad fenotípica, su herencia inclusiva no genética, su biología evolutiva del desarrollo y por supuesto, por sus rituales y narrativas. Esto es, por formas diferentes de construir el mundo a través de lógicas, éticas y estéticas, desde donde los podemos comprender, así como también por su narrativa propia.

Lo que define a lo indígena y sus descendientes de la sociedad prehispánica, va desde los asentamientos en la construcción de nicho, a la organización de la producción, hasta su interpretación, ya que, a través de su capacidad adaptativa, es decir, están integrando el proceso evolutivo como capacidad de cambio y adaptabilidad, y desde la modificación biosociocultural y fisicobiológica como resultado del manejo humano de los factores de sobrevivencia con su medio ambiente.

Es aquí donde cobra importancia preguntarnos cuáles son estos mecanismos, y encontramos que los rituales (Geist, 2002) son constantes como una forma de lograr cohesión y crear vínculos e interpretar la transición y los cambios, tanto de la biología humana como de la naturaleza.

En los últimos años se ha puesto sobre la discusión la bioculturalidad como una relación dialéctica entre los humanos y la naturaleza, el ejemplo más representativo y presentado es el del maíz y las plantas domesticadas con el agroecosistema llamado milpa. (Boege, 2018).

Desde mi punto de vista lo anterior me parece importante, pero considero que la dialéctica propuesta no funciona mecánicamente, sin tomar en cuenta los cambios considero se dan en cada una de las partes, por lo que es necesario entenderlo desde la hermenéutica analógica (Beauchot, 2024), como lógicas diferenciadas, lo que permite considerar la construcción de nicho como un proceso de conocimiento sobre la naturaleza que se va construyendo y modificando de acuerdo a la experiencia. Es así que en cada proceso de construcción de nicho se da hasta la saturación y desgaste energético, y no por falta de insumos, sino por su incapacidad de resiliencia y dinámica entrópica. (Tyrtania, 2008). Esta dinámica conduce hacia las crisis de los modelos socioculturales y sus consecuencias fisicobiológicas llevan al desgaste y al deterioro. Una de las formas de enfrentarlo ha sido a través del ritual, buscando confrontar la entropía, entendiendo los cambios e interpretarlos y manejarlos como estrategias adaptativas.

Sin embargo, se siguen adaptando y el ritual continúa siendo un mecanismo relevante en las sociedades indígenas y campesinas. Los rituales de paso están relacionados con el calendario agrícola, con una clara proyección sobre el desarrollo biológico en que cada edad está sujeta a un rol específico: bautizos, confirmaciones, matrimonios, quince años, pastorcitas, adolescentes, tercera edad, decesos. Esto a través de los diferentes rituales, es decir, mediante el ajuste y cambio en estrategias adaptativas que plantea una situación ritual cuando se convoca a la participación de una fiesta, una danza, ritual ceremonial, carnaval, asamblea, todo aquello que convoque a la creación de vínculos, ya sean cognitivos y simbólicos, que tienen efectos territoriales, de distribución de roles, poder, trabajo, cambio en los sistemas socioculturales, así como de desarrollo biocultural, asumiendo los dominios adaptativos del ser humano con la naturaleza, de acuerdo a lo planteado en la ecología humana, en el planteamiento evolutivo de la Antropología Física, como los factores que permiten la homeostasis, creando un cierto equilibrio en esta relación interrelacionada con el medio ambiente.

Factores que, hoy en día, son discutidos en relación a la disipación de la energía calorífica humana —en términos termodinámicos— en relación a la construcción y uso del nicho, buscando explicar las crisis en estos términos que, yendo más allá. serían los factores desequilibrantes en los dominios adaptativos. En palabras de Emilio Morán (2002)sería la desadaptación que se expresaría como la incapacidad de reproducirse, los deterioros en la salud, la crisis del sistema nervioso, rendimiento físico y capacidad intelectual.

Todo esto tiene que ver en la forma como se establecieron los patrones de selección natural, a partir tanto de la variabilidad genética como del desarrollo sociocultural a través de marcajes astronómicos, relacionados con los asentamientos agrícolas que incluye la domesticación del maíz, frijol y calabaza, entre otros. A partir de entonces se han logrado desarrollos y asentamientos importantes, ciudades magníficas, con gran costo energético que han generado entropías y resiliencias.

De acuerdo con las investigaciones realizadas con el grupo del seminario del Alto Lerma, de la Dirección de Etnología y Antropología Social, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), entre 2008 y 2026 (Latapí, 2020) sobre el territorio de los campesinos e indígenas del sistema Cutzamala, pudimos identificar en su calendario agrícola religioso, cuáles serían algunas de las festividades que se realizan en las comunidades indígenas y campesinas, que van desde la selección de las semillas (bendición el 2 de febrero), la preparación de la tierra para sembrar, petición de lluvia (3 de mayo), la primera cultivada antes de lluvia (San Isidro Labrador), los elotes, San Miguel (29 de septiembre), hasta la cosecha (2 de noviembre), de acuerdo con la vocación geográfica de los pueblos en el territorio. Estas fechas sirven para establecer los rituales en el espacio-tiempo con danzas específicas para cada etapa.

El ritual se convierte en un encuadre sociocultural y fisicobiológico que nos permite entender cómo se da la evolución humana. Las danzas son rituales y alianzas regulatorias que conllevan desde el conocimiento a su acción. La danza, como rito, reconstituye los lazos afectivos de las comunidades a través de la resignificación del mundo simbólico. La danza opera sobre coreografías en donde se dan expresiones corporales. El vínculo ritual es cognitivo, pues lo que logra es estar consciente de la relación con el otro, al entrar a un nuevo rol y/o estatus.

Es a través de ser conscientes del cambio de rol y establecer un estado de liminalidad para dejar de ser, o para ser otro rol. Soltar la muerte, por ejemplo, o la niñez. Es así que se da la creación de vínculos e intercambio de símbolos y significados. Pérdida y ganancia en la guerra, comercio, ejercicio del poder y construcción de nicho. El vínculo ritual es cognitivo. A partir del vínculo entre nosotros se convierte en un instrumento de conocimiento colectivo. Constituye así, una forma de inteligibilidad del mundo y de las normas sociales, de los límites de las formas de interacción y de las capacidades de recreación de la identidad a través de la racionalización con efusión afectiva (pulsión).

La identidad se constituye en un estado de inestabilidad (neurodanza), es decir, a través del movimiento los procesos físicos y biológicos se adaptan para la siguiente etapa, como sería de adolescente a adulto. Es entonces que el ritual funciona como integrador humano, sociocultural y fisicobiológico, y como construcción colectiva del nicho, (ubicación, potencialidad, capacidad) y mecanismo de poder y territorio; percepción y conocimiento del clima, distribución poblacional y organización del ritual, desde el calendario, establecimiento de espacio y actores. Es un pacto social, en donde se dan la creación de vínculos y de reglas de intercambio y se establece el poder, sus contenidos, su organización y la economía, como la producción y distribución de los alimentos y sus excedentes. Ejemplos en la literatura antropológica son el Kula, descrito por Malinowski, y el Potlach, por Boas.

Es entonces que la evolución actúa como proceso de modificación biosociocultural, como resultado del manejo humano de los factores de sobrevivencia con el medio ambiente a través de dominios adaptativos, que son cambios en la biología humana (morfología, plasticidad y herencia no biológica).

Desde la perspectiva de la Estética Social, el ritual es un sistema completo que opera, del cual a veces solo vemos «la puesta en escena» de la danza, sin embargo, el ritual comienza desde la organización económica y social de los cargos y los peregrinos, y se convierte en un proceso continuo con una gran complejidad organizativa. Los grupos que van a realizar su ritual de paso se cohesionan y conjugan para jugar su rol, como son las pastorcitas, que pasan a ser reproductivas, niñas que tienen su primera menstruación y se convierten en mujeres casaderas y los niños que pasan de adolescentes a convertirse en adultos casaderos, o las mujeres que pasan a la tercera edad adquieren un rol y una mentalidad que asume su nuevo rol.

La identidad y la organización social definen a la sociedad campesina. Acumulación de prestigio y no de capital, distribución de la riqueza a través de los cargos y mayordomías (Korsaef y Barbachano, 2009) —el intercambio, el don y el dar— (Mauss, 2009) más la interacción social de la fiesta, además de los rituales de paso en las fiestas, como de adolescentes a adultos, mujeres a la tercera edad (Van Gennep, 2008), y sus implicaciones de adaptación psicológica a un rol identitario en la comunidad. Las mayordomías son la cúpula ordenadora como sistemas de cargo, instituciones fundamentales para la organización de todo el proceso, por lo general, de un ciclo anual.

Se puede considerar un proceso participativo desde la preparación por los guardianes de la tradición, el trabajo y recaudación por los mayordomos, la participación del pueblo, la decisión de los peregrinos, la hechura de los trajes, los alimentos, el alojamiento, el médico, el uso de los espacios de la parroquia, entre otros.

La danza en la fiesta reconstruye los lazos afectivos. Es en donde se expresan las emociones, donde se dirimen los conflictos y se reduce la violencia.

DOMINIOS ADAPTATIVOS

Los rituales y las danzas pueden ser interpretados desde la antropología como dominios adaptativos, identificables como factores biosocioculturales que se expresan de la siguiente manera: construcción de nicho, herencia no genética, plasticidad y desarrollo en la biología humana.

Esto nos lleva a plantear que no sólo el desarrollo sociocultural es lo que caracteriza a los pueblos indígenas, sino que es a través del trabajo de sus dominios adaptativos: capacidad de resiliencia, resistencia al estrés, nutrición, reproducción, sistema nervioso, crecimiento y desarrollo, rendimiento físico, función afectiva, habilidad intelectual y consciencia. (Balvanera et al., 2017).

Los dominios adaptativos son procesos que, desde nuestra perspectiva, funcionan como mecanismos ajustadores en un proceso de intercambio dinámico entre los aspectos socioculturales y fisicobiológicos en relación con la variabilidad y vulnerabilidad con el medio ambiente. Estos tienen capacidades adaptativas que permiten la sobrevivencia y continuidad del grupo.

Como se ha señalado, la resistencia al estrés es fundamental, ésta se practica en las peregrinaciones y en la danza misma. Danzar o morir, dicen los Rarámuri, suficiente explicación para indicar la capacidad de resistencia, a través de la organización y distribución de los roles, mecanismos de reproducción, de los espacios dados en el intercambio social y sexual, tanto en la fiesta como en la convivencia cotidiana.

Las fiestas tienen grandes contenidos simbólicos, representan fechas de cosecha o de inicio de la producción a través de la organización de la fuerza de trabajo. Se calcula lo que se va a producir, consumir e intercambiar, por lo que se construye una dieta de acuerdo a las capacidades en términos de nutrición.

El desarrollo de las habilidades intelectuales tiene que ver con la flexibilidad cognitiva y la capacidad organizativa para la fiesta y las peregrinaciones. A través del intercambio y de la creación de nuevos roles se establecen relaciones en el ámbito simbólico, dando lugar a funciones afectivas. El tener claro el rol por medio del ritual de paso ubica el crecimiento y desarrollo biológico, por roles de edades y condiciones socioeconómicas, como lo sería el matrimonio. Podemos señalar que cada grupo de edad encuentra su propio espacio, la creación y reproducción de vínculos es mediante la cohesión simbólica. El mito es el encuadre del rito y es flexible, ya que el nexo ritual es cognitivo, pues lo que logra es estar consciente de la conexión con el otro, al asumir nuevo rol y/o estatus.

La peregrinación, como parte del ritual, es también dominio adaptativo, que caracteriza a la trayectoria hacia el destino, con su desenlace en la fiesta y en la danza, rendimiento físico, resistencia al estrés ambiental y la construcción de funciones afectivas; es una larga trayectoria hasta el lugar de destino, sobre todo a pie y bicicleta. Se van marcando los ritmos corporales, se da la cohesión a través del relato mítico con atribuciones de potencia y variantes argumentativas sobre la fuerza de la imagen, más que del texto inflexible. El ritual resignifica las tradiciones como normatividad, el trabajo y el tiempo. Es memoria colectiva (abuelitos de mis abuelitos), lenguaje vivo, canciones, rimas, textos, poesía, leyendas, coreografía, ritmos corporales.

NEURODANZA Y VIVENCIA

La neurodanza es la consciencia de estar y ser. Al cambio de significación lo llamamos experiencia, operar sobre el conocimiento. Para aprender hay que romper sobre la construcción de la lógica de los hábitos. Lo que se hace en los rituales es operar con otro pensamiento: el del cuerpo. Suspender los hábitos para generar otros hábitos Por lo que se entra al ritual de una manera y se sale de otra: niña-mujer; adolescente-hombre. Y éstos son expresados, manifestados, entendidos, incorporados a través del ritual (danzas, fiestas y peregrinación).

Afirmados a través del sistema sociocultural (memoria colectiva, imaginario, parentesco, poder, mundo simbólico, identidad y lenguaje) la neurodanza se diferencia de la danza tradicional porque crea communitas: cohesión social y vínculos. (Turner, 2002). Establece de una manera cognitiva el cambio de roles, como soltar la muerte, y pueden llegar hasta cambios cognitivos, metodológicos, filosóficos y religiosos, morfológicos, en la plasticidad, epigenéticos, y en la reproducción hasta buscar la homeostasis y operar los cambios en la relación con el nicho ecológico.

Frente al reto de la variabilidad y cambios climáticos y frente a la expansión de la disipación de la energía, la adaptación humana opera buscando mecanismos de estabilización y del equilibrio de la homeostasis. La busca y opera a través del ritual como un espacio de tiempo de mínima disipación de energía.

Sin embargo, estas operaciones consumen energía, ya que tienen que someter a las estructuras disipativas, creando espacio-tiempo, rituales que van desde la búsqueda del gasto de la fiesta, del relato mítico, en donde la estabilidad (liminal) es un estado de menor energía (no renovable).

Nuestra tesis es que, a partir del ritual (elemento cohesionador, creador de vinculo, intercambio político-económico, terapéutico, normativo, regulador, ordenador de roles) ha sido posible esta sobrevivencia, y la neurodanza, como la vemos hoy día, ha sido parte fundamental de la salud de estos pueblos. El cambio en el cuerpo como lugar de significación y vínculo, incluye la capacidad de reciprocidad. En este sentido operan los rituales.

¿POR QUÉ LA NEURODANZA?

La neurodanza es una forma de visualizar un estado del ritual en el que participan los actores y el público al mismo ritmo, con el mismo sentimiento y, es decir, es una expresión de la conciencia colectiva hace aflorar el inconsciente en el communitas, en el todo social. La neurodanza genera un sentimiento comunitario de identidad. El enfoque a través de la neurodanza nos sirve para entender cómo estos rituales dancísticos conllevan lo que entendemos por neurodanza hoy día. Se encuentra como una práctica reproductora de las tradiciones, la cultura, y como salud mental y física en relación con la naturaleza, resiliencia y adaptabilidad terapéutica, tradicional, comunitaria y movimiento. Se puede definir como neurodanza las prácticas rituales de los grupos indígenas y campesinos. Aflora el inconsciente colectivo y se genera la identidad grupal (communitas) que se refuerza a través de arquetipos simbólicos, y mantiene a través de la memoria colectiva y el imaginario, para que se pueda dar la homeostasis, incluso frente a un rompimiento epistemológico. Un ritual es neurodanza cuando se es consciente en los momentos de la liminalidad de los cambios a nivel físicobiológico y sociocultural, a comprensión de las comunidades indígenas y campesinas, se encuentra limitada no sólo la dimensión sociocultural que nos permite entender sus sistemas de creencias, mitos y narrativas.

El grupo opera sobre los cuerpos, construyendo narrativas simbolizadas, la vivencia como acción racional, los rituales de paso para romper anomalías, la construcción de un communitas como inconsciente colectivo en una síntesis simbólica que constituye la identidad. Es necesario comprenderlas desde la capacidad adaptativa (selección natural y genética), es decir, como sistemas de salud, tanto en su conocimiento del territorio simbólico y medio ambiente, plantas medicinales y por sus rituales: danzas, festivales, fiestas, celebraciones, rituales de paso y demás procesos de vivencia. La neurodanza aparece como estrategia de sobrevivencia por excelencia frente a las contingencias, ambigüedades y procesos de modernización.

La desarticulación epistemológica de los rituales ha servido al proceso de colonización, cambiando por otros rituales, como proceso de cambio cultural en deterioro de la salud adaptativa. Rescatar su significado es de particular importancia para su sobrevivencia, resiliencia y preservación. Sin embargo, las condiciones socioeconómicas de existencia de estas comunidades se encuentran en una gran paradoja, como es la desnutrición funcional, la pérdida del territorio y su gentrificación con el aumento de consumo industrial, con la consecuente descampesinización y desarticulación del sistema, con la subsecuente salud de estas comunidades: diabetes mellitus, hipertensión arterial, obesidad, emociones disruptivas, adicciones, violencia.

CONCLUSIÓN

Es entonces que la neurodanza puede entenderse como una parte medular del ritual a través de la creación de vínculos afectivos, sociales, económicos, religiosos y de poder. Es una expresión estética que amolda la construcción de la sociedad en su proceso evolutivo. Sabemos y nos aproximamos al uso de nuestras capacidades neurológicas en el llamado performance y entendemos su vigencia y su historia.

Es también un mecanismo sociocultural que dirige nuestra evolución humana como capacidad adaptativa, esto significa que a través del ritual calendarizado y de los mitos que le dan sustento a través del sistema de creencias, en el que interviene y participa toda la comunidad, dado que son de todas las edades, posibilita la cohesión social e integración comunitaria.

Lo anterior puede llevar a entender que la adaptación no solo viene de la ejecución de las políticas públicas, sino que son estrategias adaptativas complejas que tienen que ver cómo operan los mecanismos fisicobiológicos y los socioculturales, y la neurodanza es uno de los medios más finos de adaptación. Además, ésta es una manera de confrontar el cambio climático.

REFERENCIAS

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